Las restricciones por ómicron en Alemania afloran una ola violenta de antivacunas radicalizados

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Ante la amenaza de la variante ómicron, los gobiernos han decidido implementar restricciones para frenar la propagación del virus en el último mes y medio, limitaciones de libertades y derechos que han provocado también manifestaciones multitudinarias de ciudadanos hartos de las medidas contra la Covid-19.

En Alemania ya no solo preocupa el auge de los contagios y sus posibles consecuencias. La radicalización comienza a ser una cuestión alarmante palpable en las calles, donde se han visto centenares de protestas en contra de estas restricciones para contener los casos. La gran mayoría de esas marchas han discurrido de forma pacífica, aunque no ha sido el caso de todas.  

En el país gobernado por Olaf Scholz se está poniendo cada vez más el foco sobre estas manifestaciones violentas porque consideran que hay un sector radicalizado que está “preparado para la violencia”, según describen, y que mueve hilos en dichas manifestaciones.  

En las últimas semanas del 2021 esa radicalización ha sido notable en varias ciudades de Alemania. En la ciudad de Bautzen, al este del país, 12 policías resultaron heridos –uno de ellos de gravedad– el lunes 27 de diciembre por la noche durante una manifestación de antivacunas, negacionistas y críticos contra las medidas antiCovid impuestas.

En la ciudad de Erfurt, otra manifestación dejó imágenes violentas y hubo “importantes ataques” contra las fuerzas de seguridad, según informó el diario Frankfurter Allgemeine Zeitung. Los manifestantes lanzaron artefactos pirotécnicos y botellas contra los policías. Siete de ellos resultaron heridos. En Pirmasens, una ciudad al suroeste del país, otros tres agentes acabaron heridos leves en similares circunstancias. 


La Policía alemana durante una manifestación.

Reuters

El pasado 20 de diciembre se contabilizaron un total de 830 manifestaciones a lo largo de todo el país. En ellas participaron unas 150.000 personas, según la prensa local. En las últimas manifestaciones registradas en los estados federados de Turingia y Sajonia –donde las incidencias por Covid son las más altas del país– desfilaron unas 32.000 personas en diferentes marchas el lunes, según el diario muniqués Süddeutsche Zeitung. 

En Turingia, la incidencia en los últimos siete días es de 435 casos por 100.000 habitantes, aunque el ministro de Sanidad alemán, Karl Lauterbach, ha dicho que las cifras reales de la incidencia en el país podrían ser del doble o el triple. La policía trabaja “al límite”, según ha reconocido el propio ministro del Interior del estado federado, el socialdemócrata Georg Maier.

En las calles el descontento social de un sector de la población es notable, pero la violencia también se ha visto en las redes sociales. Las autoridades alemanas tienen una investigación abierta de carácter antiterrorista sobre un grupo de personas que habría manifestado en un canal de la plataforma Telegram su idea de matar al presidente de la región de Sajonia, el conservador Michael Kretschmer.

En Baviera, al sur del país, la Fiscalía también está analizando otros mensajes amenazantes en los que los participantes de un grupo de Telegram hablaban de “guerra civil”.

Manifestantes en Alemania contra las restricciones para limitar la propagación del virus.


Manifestantes en Alemania contra las restricciones para limitar la propagación del virus.

Reuters

Unos términos coherentes con el relato que manejan las personas que suelen protestar frente a la gestión de la pandemia en Alemania. Consideran que el país, en vista de las restricciones, se ha convertido en una “dictadura” frente a la cual hay que “resistir”. “Nosotros somos la línea roja”, era una de las pancartas se veía en uno de estos cortejos en Schwerin, la capital del estado de Mecklemburgo-Pomerania Occidental. 

El nuevo canciller alemán, Olaf Scholz, tras tomar el relevo de Angela Merkel, ya ha dejado claro que en su gestión de la pandemia “no hay líneas rojas”. Deja la puerta abierta a toda medida que pueda contribuir a la lucha frente a la propagación de la Covid-19. Incluso la vacunación obligatoria, una medida que aún debe debatirse el Bundestag. 

Scholz suele decir que quienes se manifiestan frente a la gestión de la pandemia, sobre todo quienes recurren al tono y actos violentos, constituyen una “pequeña minoría de gente llena de odio”. Minoría o no, las movilizaciones de estos días dan cuenta, según describe diario berlinés Der Tagesspiegel, de que en términos de peligrosidad el “potencial es enorme”.

También en Ámsterdam

El descontento a está lejos de ser un caso aislado. También en países de su entorno, como Bélgica o en Países Bajos, se han producido manifestaciones violentas como expresiones de rechazo a la gestión de la pandemia.

Miles de personas se manifestaron este domingo en Ámsterdam contra las restricciones y hubo choques importantes entre los manifestantes y agentes de la policía. La protesta fue convocada por el partido de ultraderecha Foro para la Democracia (FvD) y asistieron, según el propio municipio, más de 2.000 personas, superando así el aforo que habían permitido las autoridades para la manifestación. 

Una persona resultó herida en la cabeza por el lanzamiento de una piedra, mientras que al menos otros dos hombres fueron levemente heridos durante los enfrentamientos entre los manifestantes y la policía. 

Un policía neerlandés agarra a un manifestante este domingo en Ámsterdam.


Un policía neerlandés agarra a un manifestante este domingo en Ámsterdam.

Efe

Entre los manifestante se podían ver pancartar que pedían “libertad” y acusaban al Gobierno neerlandés de querer controlar a la población: “No es sobre un virus, es sobre el control”. Una persona entre la aglomeración llevaba una bandera de “Trump 2024”.

Países Bajos se encuentra desde el 19 de diciembre en un “confinamiento estricto” por el que se decretó el cierre de toda la actividad no esencial hasta el 14 de enero, así como de los colegios hasta el 9, y se limitó a dos el número de invitados a un hogar, aunque no se ha decretado la limitación de la libertad de movilidad por el país.

“Riesgo terrorista”

Según expertos en seguridad citados por el diario Der Tagesspiegel, los antivacunas y los ciudadanos movilizados contra las restricciones pandémicas son motivos más que suficientes para hablar ya de un “riesgo terrorista creciente en 2022”.

“En la pandemia del coronavirus crece la hostilidad contra el Estado y la democracia. Las autoridades responsables de la seguridad temen que haya más ataques contra políticos, incluidos atentados”, cuentan expertos en Der Tagesspiegel.

La Policía alemana detiene a un manifestante durante una protesta contra las medidas antiCovid.


La Policía alemana detiene a un manifestante durante una protesta contra las medidas antiCovid.

Reuters

El ministro del Interior del estado de Baviera, Joachim Hermann, en una recientes declaraciones a la agencia Deutsche Presse Agentur (DPA), ponía de relieve que la rápida radicalización de los movilizados en esta pandemia recuerda a los radicalizados exprés por la vía del islamismo radical.

“El fenómeno de gente sola radicalizándose es algo que conocemos también en el islamismo”, sostuvo Hermann en sus declaraciones. Al igual que el terrorismo islamista, el ministro de Baviera entiende que los nuevos riesgos provocados por los manifestantes violentos son “un peligro para la democracia”. 

Relación con la extrema derecha

El ministro del Interior de Baviera relaciona directamente a los manifestantes contra las restricciones y las vacunas con la extrema derecha alemana. “Veo una relación con Alternativa para Alemania (AfD), el Partido Nacionaldemocrático de Alemania (NPD), y la llamada Tercera Vía”, según explicó Hermann, nombrando a las mayores organizaciones de extrema derecha de inspiración neonazi del país.

“Tienen en común que todos intentan reunir gente entre los opositores a la vacunación para manipularlos ideológicamente. Es un verdadero problema”, afirmó Hermann a la agencia alemana. 

Una bandera alemana durante una protesta.


Una bandera alemana durante una protesta.

Reuters

AfD fue el principal partido de la oposición durante los últimos cuatro años de Angela Merkel en el poder. Tras la marcha de quien ha sido la canciller alemana en los últimos 16 años, esa responsabilidad ha caído en manos de la conservadora Unión Demócrata Cristiana (CDU), precisamente el partido de Merkel. Desde que comenzó la pandemia, AfD ha tratado de capitalizar las protestas contra la gestión del coronavirus. 

Stephan Kramer, el responsable en Turingia de la Oficina Federal para la Protección de la Constitución -nombre oficial de lo que en realidad son los servicios secretos del ministerio del Interior-,  declaró al diario Der Tagesspiegel que “AfD está relamiéndose con las protestas” contra las restricciones Covid. Y es que AfD está pendiente de una decisión judicial que dictaminará si los servicios secretos pueden espiar a AfD por constituir un caso sospechoso de anticonstitucionalidad. 

El partido de ultraderecha pelea en los tribunales para evitar la observación de los servicios secretos a nivel nacional, aunque esa vigilancia ya se produce desde hace tiempo a nivel local o parcial en varios Länder alemanes. El terrorismo de “extrema derecha” ha pasado a ser en Alemania la “mayor amenaza para la seguridad del país”, según se ha afirmado desde el Ministerio del Interior alemán. Un terrorismo de extrema derecha que, entre 1990 y 2020, se ha cobrado 200 víctimas mortales.

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